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Alejandro Moreno sostiene que el discurso de soberanía impulsado por Morena es una fachada que encubre el temor a la cooperación internacional y a posibles investigaciones que alcancen a actores del poder.

El senador y presidente nacional del PRI, Alejandro Moreno, lanzó un señalamiento frontal sobre el rumbo que ha tomado la política de seguridad y cooperación internacional de México. Bajo la narrativa oficial de defensa de la soberanía, advirtió, se esconde una estrategia que en realidad busca alejar a organismos internacionales clave en la lucha contra el crimen organizado, en un momento donde la colaboración resulta más necesaria que nunca.

De acuerdo con el líder priista, el distanciamiento con agencias como la CIA, la DEA y el FBI no responde a una postura firme de defensa nacional, sino a un cálculo político marcado por el temor. En su análisis, la negativa a permitir o fortalecer la cooperación con estas instancias refleja la preocupación de que investigaciones internacionales puedan alcanzar a figuras vinculadas al poder.

El trasfondo de esta postura, según Moreno, es aún más delicado. La posibilidad de que redes de corrupción y actividades ilícitas, como el narcotráfico o el huachicol, queden expuestas a través de mecanismos de inteligencia y coordinación internacional. En ese sentido, señaló que cerrar la puerta a estas agencias no solo debilita la capacidad del Estado mexicano para enfrentar al crimen, sino que también envía un mensaje de desconfianza hacia aliados estratégicos.

La crítica se endurece cuando el senador plantea que el discurso nacionalista promovido por Morena se ha convertido en una herramienta discursiva para justificar decisiones que, en los hechos, terminan favoreciendo la opacidad. Lejos de fortalecer la soberanía, argumenta, se estaría debilitando la transparencia y la rendición de cuentas, al evitar cualquier escrutinio externo que pudiera incomodar a quienes hoy detentan el poder.

En este contexto, el líder campechano advierte que el problema no es únicamente diplomático o de narrativa política, sino estructural. Un gobierno que limita la cooperación internacional en materia de seguridad, reduce sus propias capacidades para enfrentar amenazas transnacionales, dejando espacios que el crimen organizado puede aprovechar. Esto, en su visión, termina afectando directamente a la ciudadanía, que queda expuesta a un entorno de mayor vulnerabilidad.

Alejandro Moreno cerró con un señalamiento contundente: cuando un gobierno le teme más a la verdad que al crimen, queda claro de qué lado está. La advertencia no es menor, pues coloca en el centro del debate la necesidad de revisar el rumbo de la política de seguridad en México, así como el papel que juega la cooperación internacional en la construcción de un sistema de justicia efectivo y creíble.