El priista Rafael Echazarreta afirma que su motivación para participar en la vida pública nace del servicio comunitario y la convicción de que el gobierno debe estar al servicio de la ciudadanía. Con formación profesional, ética y compromiso con la transparencia, sostiene que la política debe ejercerse como vocación, no como privilegio.
Para Rafael Echazarreta, la política no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para servir. Su trayectoria, marcada por participación en voluntariados y asociaciones civiles, ha sido, asegura, la base que lo impulsó a dar el paso hacia la vida pública.
“Mi motivación para ser político es que he servido a mi comunidad desde distintos espacios. Creo firmemente que el gobierno debe servir a la gente y no servirse de la gente”, ha expresado en distintos encuentros ciudadanos.
Echazarreta sostiene que la vocación de servicio debe estar acompañada de preparación y principios claros. Se define como un hombre formado, con ética y convicción por la transparencia en el ejercicio público. En un contexto donde la ciudadanía exige mayor rendición de cuentas, afirma que la congruencia personal es indispensable para recuperar la confianza en las instituciones.
Otro de los ejes de su discurso es la manera en que concibe la política: como una responsabilidad de vida y no como un medio de beneficio personal. “Quiero vivir para hacer política, no vivir de la política”, resume, subrayando que el compromiso debe estar en la transformación social y no en la permanencia en el cargo.
Desde esa perspectiva, plantea que la función pública debe medirse por resultados, cercanía y honestidad, priorizando siempre el bienestar colectivo. Para Echazarreta, la legitimidad se construye con trabajo constante, coherencia entre discurso y acción, y una visión clara de servicio a la comunidad.
